Como ventura concierta

Esta obra es una que se dice "Pleito del Manto", la cual se comenzó sobre una pregunta, en que ovo respuesta y replicatos; de manera que se hizo un proceso con sentencia y apelaciones

Como ventura concierta
los que son enamorados,
estaban en una huerta,
una dama descubierta
y un gentil hombre abrazados.
Obrando según natura
lo que se suele hacer,
y siendo sin cobertura,
las turmas y hendedura
se les podían parecer.
E puestos en su agonía,
sin pensar de conoscellos,
por allí do se hacía,
acaeció que venía
un hombre que pudo vellos.
Y volviendo, por consuelo,
las espaldas, sin temores
alanzó, como por velo,
un manto de terciopelo
encima de estos señores.
E dijo: "Sin más pasión,
pues que ove tal encuentro
y lo sufre así razón;
do este manto, en conclusión,
para quien lo tiene dentro".
La señora, no defunta,
y él, con todo su quebranto,
están en porfía junta;
es quistión que se pregunta:
¿A quién pertenece el manto?

Respuesta de un caballero, procurador del coño

Al bulto de la pregunta
acuerdo de responder,
si la batalla está junta
sin la joya merescer.
Y aunque desee el vencer,
deste que nunca perdió,
no le quitaré el poder
que la Natura le dio.
Pues este muy hondo mar,
tal grandeza en sí contiene,
debe tener y anegar
cuanto a su potencia viene.
Y, así, digo que conviene,
por razón muy conocida,
toda cosa que se tiene
de otra mayor ser tenida.
E se vos pensáis, señor,
que por ser miembro extendido
parece más tenedor,
en la verdad ser tenido.
Pues mandad dar al hodido
este manto que le ofrecen,
que otros han merecido
tres clavos que le fallecen.

Replica el que preguntó

Cuando quiera que hay razón
para haber de replicar,
no se sufre el corazón
sin que suelte de rendón
la lengua para hablar.
Y, por esto, me parece
replicando a lo del manto;
pues se da a quien no meresce,
que se vuelva y enderesce
a quien lo meresce tanto.
Toda cosa que ha de entrar,
y tenerse en otra dentro,
ha de ser que pueda estar
para meter y sacar,
y que dé gentil encuentro.
E daqueste tal poder,
no goza quien no se alza;
pues consiste en el meter
el poder para tener
como la pierna en la calza.
E digo que no conviene,
ser razón muy conocida,
por do el hombre se condene;
toda cosa que se tiene
de otra mayor ser tenida.
Pues que puede lo menor,
en materia de fornicio,
estar dentro en lo mayor
y el mayor será error,
que tomase ajeno oficio.
Y otra razón famosa
con que la verdad se sella
necesaria, no envidiosa:
Aquel es dentro en la cosa,
que entra con fuerza en ella.
De donde, señor, se va
concluyendo en el debate
que aquel manto, como este,
que se lleve y se le dé
al cuitado que combate.

Responde el procurador del coño

Sustentador, muy sabido,
de nuestra flaca natura,
mal habéis comprehendido
el centro de tal hondura.
Gran camino y espesura
se encierra en su poderío,
tanto que se espanta el mío
de vuestra mucha cordura.
Ved cuán falta, consecuencia,
contra razón y su ley,
serie decir que en el rey
el reino está por presencia.
Pues no menos, por potencia,
está el coño en el carajo,
la campana en el badajo,
puesto que muestra paciencia;
pues considera el onsario.
do fenescen los mortales,
que buenos y comunales,
son en él, como en calvario,
mancebo, fraile o vicario,
o cualquier otro que sea,
tenga, pues puede posea,
aunque pese, a santo Ilario.

Rebeldia por parte del coño

Por guarda de mi derecho,
llevando la cierta via
e sustanciando mi derecho,
no debéis haber despecho,
acuso la rebeldía;
y antes, señor, que habléis,
pues es derecho y no es arte,
vos las costas purgaréis
en lo hondo de mi parte.

Vuelve a replicar el primero procurador

Ha sido tan bien reñida
la quistión de vuestra parte,
tan fundada y defendida,
que nunca la vi en mi vida
por mejor manera y arte.
Pero hay contrariedad
de diversas opiniones;
hay razón y autoridad,
y uso de antigüedad,
que hace por los varones.
En contrario, ya se alega,
como va en lo procesado,
do la opinión no niega
que el que mete y el que llega
queda dentro colocado.
Pues autoridad, bastante
es la que nos da experiencia,
que el miembro que está costante,
y puede pasar delante,
tiene toda priminencia.
Mas por ser así fundadas
las causas de esta pendencia,
deben ser determinadas,
que en cosas diferenciadas
se requiere la sentencia.
Por esto, se debe dar
el proceso a tal letrado,
que sepa determinar
el que deba de quedar
justamente condenado.
E juzgue por igualdad,
por derecho, sin error,
quien goza la libertad
conforme a la voluntad
del primero testador,
el cual, como caballero,
no mandó que se partiese;
mas se diese todo entero,
por título verdadero,
a quien dentro lo tuviese.
Así, concluyo, negando
todo lo perjudicial,
en contrario, protestando
de quejarme cada y cuando
que el juez juzgare mal;
y protesto denunciar
agravio, si fuere habido,
y demando reprobar
a la parte, y condenar
en costas, las cuales pido.

Parescer y sentencia del primer juez

Los que tal pleito traéis
no sabéis
los secretos de su centro,
que lo que pensáis que es dentro
el recebimiento es.
Y, por esto, no arguyo,
mas concluyo,
en que si dentro estuviera,
el mismo coño le diera,
aunque fuera el manto suyo.
Bien justas causas habría
para no ser, ni lo só,
juez de tanta porfía,
pues la una parte es mía,
y la otra yo la só.
Pero por ir excusando
discordias, en ellas entro:
solamente amonestando
que quien no se perdió dentro,
no se pierda pleiteando.
E si yo sentencia diese,
conforme a ley de verdad,
serie que el manto estuviese
donde tal necesidad
a mentido se ofreciese.
Yo de este voto sería;
y, por razón, Marco Tulio
así lo sentenciaría:
"¡Ver quien esto dice en julio,
en enero qué diría!

Apelación hecha por parte del coño

Juez, ya determinado
en las humanas porfías,
no creo que en vuestros dias
será el coño agraviado.
Sabe que os traigo apelado
un claro pleito en su nombre,
contra lo flaco del hombre,
por letrados esforzado.
Discreto juez: Sabido
de quien huye la clemencia,
a mi noticia es venido
que se ha dado, y descernido,
cierta forma de sentencia
en el pleito criminal
que he traido, con trabajo,
contra el coño natural.
Y, por ser mi prueba tal,
se ha dado por el carajo,
que siendo pronunciado
tal auto por su tenor,
por la parte, fue apelado,
adversa, sin ser llamado
yo ni mi procurador.
Y agora que, nuevamente,
es venido a mi noticia
como quier, que fue ausente,
la consiento enteramente,
lo que hace en mi justicia,
la cual dicha apelación,
pues que no le fue otorgada,
no ha lugar remisión,
por derecha sucesión
para seros traspasada.
Y si tiene algun lugar,
lo que niego y he negado,
primero debéis mandar
que el coño debe purgar
las costas en el letrado.
E después, señor, debéis
informaros como no
solo un punto descrepéis
de la sentencia, que veis
del dicho juez a quo.
Que fue justa, bien mirada,
como quieren los doctores,
no torcida, aficionada;
antes toda conformada
con los cánones mayores.
Asimismo, muy notorio,
he sabido por memoria,
que distes en consistorio,
con cierto interrogatorio,
sentencia interlocutoria.
Por do tiene presentados,
la parte sin requerir,
testigos repreguntados,
y sus dichos declarados
para ver de concluir.
E pues tengo yo lugar,
por derecho y por razón,
quiero dar y presentar
testigos para probar,
en contrario, mi entención,
los cuales con su saber,
cuando fueron en el mundo,
pudieron comprehender,
alcanzar y trascender
el cielo con el profundo.

Un testigo

E aquestos, por sabieza,
el primero, es Tolomeo,
que toda la redondeza
del cielo por sotileza
alcanzó con gran deseo.
Este dice en sus sentencias,
bien escritas de su nombre,
que todas las influencias
de los cielos dan potencias
con mayor poder al hombre.
Tal que puede someter
a los brutos animales,
a este han de obedecer
por su fuerza y su placer
y por dudas naturales.
Pues si puede sojuzgar,
como dice este testigo,
lo que Dios pudo criar;
bien puede mandar estar
en un coño sin abrigo.

Otro testigo

Pues el Dante, que presento
por testigo aquesto mismo
(por actor sabido, atento,
que sin ver, no fue contento,
las entradas del abismo),
dice que en aquel pinar
del fuego, peor que muerte,
donde el hombre vio quemar,
en su miembro vido dar
mayor fuego por más fuerte.
E que los tormentadores
e aquel centro, más de mil,
por los miembros vertedores
encendian los ardores
al linaje femenil,
por causa de la flaqueza
de sus miembros dejativos.
Asi que, en esta crueza,
las pijas tienen fírmeza
de los marcos coñolivos.

Otro testigo

E viene también Macías
queriendo sellar lo cierto,
que en sus tiernos frescos días
acabó sin alegrias
siendo por amores muerto.
Con cuidado, no sencillo,
determina lo probado,
que dentro daquel lucillo
su miembro tuvo sencillo
hasta que salió doblado.
Dice más, que quien está
en potencia del varón
de tenello do querrá,
dentro o fuera, que será
bien asuelta la quistión.
Y con este presupuesto,
que el hombre puede sacallo
cada y cuando fuere honesto,
determinan todos esto,
que merece bien llevallo.

Juez

Pues estos testigos son
hombres de tanta verdad,
tomemos a la razón
que guía sin afición;
dejemos la autoridad,
la cual, de su condición
tiene en sí tal poderío,
que muestra que el manto es mío
por derecha sucesión.

Sentencia definitiva dada por el juez

Sentenciar en tal juzgado
me excusa formas y artes,
siendo a entrambos adeudado
a no ser aficionado,
pues soy parte destas partes.
Ya libre de aficiones,
y de amor y de pasión,
propongo enjemplo [sic] y razones
muy conformes a razón.
Visto el proceso presente
del coño con el carajo,
y probanza diligente,
sentenciaré sabiamente
a muy liviano trabajo.
No penséis que yo lo digo
ni lo sentencio por mí,
mas por el seso que sigo
de cuantos sabios leí.
Por enojoso no ser
a todos a quien me allego,
solos cuatro he de creer
para más razón tener
en prueba de lo que alego.
Uno santo, que es Adán,
Hércoles y Salomón,
otro fuerte que es Sansón,
que lo que digo dirán:
De Adán, dice la Escritura
que siendo hombre tan santo,
por afición de natura,
por cobrír el abertura
luego proveyó de manto;
que en el primero retoño,
de la primera nación,
fuera vergüenza en el coño
parecer la criación.
Salomón, sabio acabado,
en sentencias justo, re[c]to,
en esto fue conformado,
y obedeció su mandado
con su saber tan discreto.
Pues este claro varón,
tan amigo de clemencia,
da fuerzas a mi razón
para fundar mi sentencia.
Hércoles, tan esforzado,
que fundó parte de España,
deste solo sojuzgado,
murió mal atormentado
por una cruel hazaña:
que no pudo defenderse.
por fuerza ni poderío,
ni le excusó el señorío,
del fuego do fue a meterse.
Pues Sansón, recio, valiente,
el cual traigo por enjemplo [sic]
que por coño, ciertamente,
destruyó infinita gente
en la caída del templo:
que no pudo resistír,
con su fuerza y su reciura,
la voluntad de natura,
que al fin lo hizo morir.
Pues con estos bien podré,
que tuvieron razón viva,
a ellos me allegaré,
con ellos pronunciaré
sentencia difinitiva.
Pues estos no se excusaron
y a coños obedecieron,
tomaré lo que tomaron
y haré lo que hicieron.

Sustentación de la sentencia

Hallo que el coño ha probado,
por justicia, no de hecho,
sustanciado y alegado,
y al carajo ha reprobado
por flaqueza de derecho.
E por las leyes que entiendo,
conformes a la potencia,
entiendo de dar sentencia
por tribunal, e sedendo
en la cual, de no mandar
e por derecho fundado,
al carajo condenar
y al coño dar y donar
lo pedido y al alegado.
Y pues justicia lo guía,
daquesto nadie no huya,
digo que en tercero día
el manto le restituya.
E pues mal ha procesado,
por esta sentencia ordeno
que esté preso, encarcelado,
en el coño confiscado,
porque en costas le condeno.
Y en el coño se consuma,
pleito, costas y trabajo,
hasta que salte la espuma
por la punta del carajo.
Por no quedar enconado,
acuerdo de me lavar
de lo sucio procesado;
no para no sentenciar,
mas por haber sentenciado.
E si algunos juzgarán
mal daquesto que leyeren,
respondo que leyes van
allí donde coños quieren.
Al dar daquesta sentencia,
testigos presentes fueron
estos, que alli padecieron
más antiguos en potencia
que en orden envejecieron.
El anciano justador,
con el Inés de Maqueda,
Juan Álvarez tañedor
y la tarifa no leda
por falta de hodedor.

Declaración de un caballero en nombre del carajo condenado

Del carajo so informado,
y es cosa para creerse,
que en el pleito que ha tratado
habéis, señor, pronunciado
sentencia sin más torcerse;
y en las costas condenado
al triste, que ha pleiteado,
que es para darse al demonio.
Pues mandáis que esté encerrado,
hasta haber costas pagado,
en las tinieblas del coño,
que es do nunca faltó lloro,
sollozar, e desatina
en aquel profundo coro;
y este lloro es el tesoro
del triste que pelegrina [sic].
E por esto está confuso,
más derecho que un huso,
encerrado en el vistuario
del templo de santo Ilario,
do por se salvar se puso.
Demanda justas razones,
que, para que pagar pueda,
se remitan sus cojones
por pregón en almoneda.
Será derecho del mundo
e no volver al profundo
de donde salió condenado,
cabiztuerto, avergonzado,
siendo de antes rubicundo.
Usad, jueces, de clemencia,
pues este se me quejó,
de vuestra cruda sentencia
hasta que venda la herencia
que su padre le dejó.
E pues este así extendido
pleito, en que se condenó,
quizá se remediará,
e llorando ganará
lo que llorando ha perdido.

Apelación del carajo puesta al juez que lo condenó

Habéis, por el coño, dado
una sentencia cruel,
por tribunal asentado,
siendo pechado y rogado
por los apetitos de él.
¿Por qué tuvistes con él
afición tan sin medida,
pues carajo en esta vida
nunca entró justo por él?
El remedio que tomar
suelen los agraviados
es que pueden apelar,
por poderse libertar,
para no ser condenados,
expresando los mayores
agravios que les hicieren,
dende los inferiores
a los más superiores
jueces que ser pudieren.
E por ser así torcido
mi derecho, claramente,
yo, el Carajo endurecido,
con despechos extendido,
parezco por ser presente
y apelo de vos, señor,
por juez aficionado
en la vía más mejor,
que puedo por el tenor
de las leyes ordenado.
Ante Torrellas apelo,
que merece mil renombres,
porque sostuvo sin velo,
mientra estuvo en este suelo,
el partido de los hombres;
o si dijeren que es muerto,
por ser del siglo partido.
En Salamanca, por cierto,
un hijo suyo encubierto,
tiene su poder complido,
el cual es aquel varón
que muy justo determina,
sabido, con discreción,
que dicen Juan de la Encina.
E pido que me mandéis
dar todo lo procesado,
con los autos que tenéis;
ítem más, que me otorguéis
esto que tengo apelado.
Otra vez os lo requiero,
como reza este papel,
pues no fuestes justiciero,
me otorguéis esto que quiero
con los apóstolos de él;
por quitar inconvenientes,
de amigos y de enemigos,
ante todas estas gentes,
ruego a los que son presentes
que sean dello testigos.
Aunque pese a Sant Ilario
e al procurador del coño,
vos, como fiel notario,
me lo dad por testimonio.
E al juez que, sin trabajo,
pronuncie tales razones,
que te den por galardones,
que se cape en el carajo,
pues le quita los cojones.

De como negó la apelación el juez

Por cierto, mucha razón
tengo yo para negaros
vuestra injusta apelación,
pues vista tal petición,
quedaba por do miraros;
porque todas las querellas,
que Amor nos suele causar,
más se deben de adorar,
que apelar para Torrellas.
Y esta nuestra nación,
si no bastan mis poderes,
digo a vuestra inclinación,
que va errada en la afición
cuando sale de mujeres.
E la pasión que os guía,
no ciega el camino llano;
debéis tener otra vía,
que no seguír herejía
muy peor que de Arriano.

Fin

E dice el procurador
que de vos se maravilla
si pensáis hallar mejor
o menor
a ningún coño en Castilla,
que se halla en nuestra villa.

Apelación hecha por García de Astorga

Pues que las apelaciones
os deniegan con verdad,
tened forma que os igualen
e nos vendan los cojones
por menos de la meitad
del justo precio y valer.
E que el coño se arrogase
que el plazo sobreseyese,
que es duda si se hallase
quien en precio lo pusiese,
cuanto más quien lo comprase.
Es la causa tan relaja,
en herír con tal virote,
su justicia va tan baja:
"Porque hodieron a Aja
azotaron a Mazote".
Pero si queréis mirar,
si en razón hay cosa cierta,
el carajo entró a hurtar,
y por más asegurar,
se quedaron a la puerta.
Pero trae razón hermosa
si su derecho le dan,
dejando metros y prosa,
de traellos a lailán.
Mas si con estas somostas
no siguieron su compás,
por matar estas langostas
véndanse para las costas,
pues que no puede ser más.

Respuesta de los Señores Coño y Carajo, enviada por Garcia de Astorga, al señor don Pedro de Aguilar

Tanta soledad tengo con la ausencia de vuestra merced, y de esos magníficos señores, que extraño me hallo en mi casa. De las aventuras acaecidas acá, quiero darle cuenta, pues tanta razón hay para ello, siendo vos mi señor. Y aunque os parezca que me hallé tan mancebo la noche primera que a mi posada llegué, puesto que del camino asaz trabajoso, no parezco en la obra ni la señora quedara quejosa; aunque la condición de todas es no decir bien de lo bueno ni quejarse de lo malo. Con todo, dispuse mis fuerzas; y certificoos, señor, que era de hodella una vez, la segunda no me osó esperar su merced en la cama. Y esto, creo ,lo causase las muchas uvas que el mismo dia comí. Pero, con todo, debéis creer que, aunque no ovo sábanas, no faltaron palominos. Para vuestra señoría, no son menester lisonjas que, bien cierto so yo, lo creerá de mí vuestra señoría. Y asi, entre trabajo y fatiga, acordé de hacer cinco coplas, que alli verá, en favor de lo sentenciado, contra el mártir bien aventurado carajo, por no ser en discordia con tan honrados jueces; aunque bien se hallaran causas lícitas y honestas, para que el dicho coño no fuera oído en juicio, antes anichilado y echado de él, según ley de derecho establecida por los reyes antepasados de gloriosa memoria.

Y es según juicio claro,
no torcido ni vicioso,
porque el coño es un ávaro,
codicioso y malicioso,
inhábil y condenado,
porque le hiede la boca.
E también se me figura
después de malo, cruel,
ca de estar, según natura,
el cuerpo en la sepoltura,
no la sepoltura en él.
Porque la razón lo sella,
junto con buen albedrío,
pregunto, mas sin querella:
¿La ropa va en el navío
o, quizá, el navio en ella?

Y pues esto no satisface, mas de solo decillo por lo que toca a mi conciencia, quiero callar lo que no tengo de ayunar y dar por bueno lo hecho, como veis que mi obra lo manifiesta. En lo tal, no hay más que escrebir a vuestra señoría. Nuevas de acá, es que no hay ningunas; lo que más se suena[n] son narices; y, aun, tales hay que desto tienen poca necesidad. No más por el presente de la boda hecha, a treinta la vara de Bretaña, blanca como la nieve, y muy bonica gracia y gesto.

Del mismo, en favor de la sentencia dada contra el agraviado carajo

A veinte y nueve del mes
dal santo bañíl pasado,
ante mí, llegó un tratado
en estilo cordobés
aplicado;
no admirable ni corrupto,
sentenciado y concluido,
el cual es un pleito astuto
que entre partes han traido
una puta y un jodido.
E lo que el coño llevó,
digo que es muy bien llevado,
por preminencia y estado
del mismo, pues de él salió.
E pues este fue el venero
donde se crió primero,
muy justa causa lo quiere
ser el coño el heredero
de lo que permaneciere.
Muchas razones parecen,
por donde es merecedor
ser él siempre vencedor.
Ítem más que le obedecen
dende el mayor al menor,
porque los más esforzados,
en su vigor y potencia,
los capirotes echados,
le van a dar obediencia
llorándole sus pecados.
Otra perentoria do
a cualquier sabio galán,
por donde el precio ganó,
y es lo que dije [sic] el refrán:
"Aquel que sufrió venció".
E aun después de ser sufrido
el buen coño, y combatido,
que ninguno no le mate;
¿quién se allega a su combate
que no vaya cabizcaído?

Cabo

Ansí que, por la sentencia,
de este manto que se dio,
vos, carajo, habed paciencia,
que el coño lo meresció
cuanto a razón y conciencia.
Pues los cojones cuitados,
cuya parte disimulo,
no aleguen por esforzados,
porque la marea del culo
los tiene desbaratados.

2020-01-17T21:04:39+00:00

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